De esos que luego vuelven, habitan, persiguen o simplemente nunca se van...

9.12.06

Ni siquiera nos recordamos

Y nos vemos. Y nos saludamos.
Ay, es extraño eso que se siente, lo que no nos decimos,
y todos nos observan porque esperan algo,
porque todos siempre desean espectáculo
que los alimentemos con nuestra historia.
Y nos quedamos muy callados, fingimos tantas cosas
porque ya es sano que todos sepan que estamos cansados
que al fin de cuentas esto no es nada, porque nada ha sido nada
y de todo queda nada.
Pero luego oscurece, y todos se van marchando. Nos parecemos tanto a ese espacio vacio, porque ya no tenemos muchas cosas que decirnos, porque estamos cansados de asistir cada vez a nuestro funeral.
Y nos prometemos tantas cosas, intentos por matarnos como siempre lo hemos querido, nos decimos que pronto, que pronto todo será diferente. Pero en el fondo no lo deseamos, porque ha sido tan bueno esto de mantenernos enfermos, eso de incapacitarnos para todo, que el sólo hecho de saber que sanaríamos nos mata.
Y hay algo que tenemos en la médula, en las neuronas, sabe Dios donde, eso que ahi va comiéndonos, quiza nos hemos llenado de tanto cosmos, signos zodiacales e intentos suicidas que sólo nos queda mandarnos al infierno y después de eso, saludarnos. Después sólo nos queda decir que nos conocimos, pero hace mucho tiempo, tanto que poco es lo que reconocemos en el otro. Tanto que ya ni siquiera nos recordamos.

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Y entonces, -no les he dicho que lo que ustedes toman erróneamente por locura
sólo es una exasperada percepción de los sentidos? CORAZÓN DELATOR, Edgar Allan Poe