De esos que luego vuelven, habitan, persiguen o simplemente nunca se van...

2.11.06

La incerteza de volver a no encontrarnos

Es que quizá la arena nos ha empolvado un poco,
o quizá que la carretera es amplia y gringa,
que nos emocionan los desayunos en el ihop.
Quizá es que todos son felices bebiendo cervezas, y nosotros también.
O que son cómodas las sillas del starbucks, sobre todo si es domingo por la tarde.
Quizá es que la frontera jugó un papel importante,
que Punky bluster hizo de las suyas en todas las mi edad, nos gusta que todo sea de colores.
Quizá es que pedimos triki triki cuando chicos, o que no lo pedimos.
Quizá es que no había más remedio que encontrarnos.
O no, quizá es que no debíamos encontrarnos y entonces eso del bloody coincidir no es mas que shit, y lo más curada hubiera sido igorarnos en esos primeros segundos, pero damn!, no fue así.
No sé.
Yo no sé, ni tu lo sabes, ni nadie en este mundo parece comprenderlo.
Porque quizá es cierto y Dios sólo nos aventó como canicas y hemos chocado.
Pero las razones sigo sin conocerlas.
Tú dime... ¿qué se hace con esto?
Y quizá sin conconcernos íbamos de la mano de nuestras madres a la Fedmart,
o nos entreteníamos en la Hamburguesa Policía,
quizá, y ni fue así. Pero me divierto pensándolo.
No tengo la certeza,
sólo eso que me persigue,
lo que no consigo separar,
lo que hacen nuestras manos al formar signos
la incerteza de volver a no encontrarnos y desear con toda el alma,
eso que que nos decimos cuando todo se ha ido al infierno.

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Y entonces, -no les he dicho que lo que ustedes toman erróneamente por locura
sólo es una exasperada percepción de los sentidos? CORAZÓN DELATOR, Edgar Allan Poe